San Marcos el Apóstol, el Fundador de la Iglesia Copta

La Iglesia Copta o la Iglesia de Alejandría es llamada “Sede de San Marcos”, y es una de las primeras cuatro sedes: Jerusalén, Antioquía, Alejandría y Roma.

San Marcos, el Fundador

Los Coptos están orgullosos de la apostolicidad de su Iglesia, cuyo fundador es San Marcos, uno de los setenta apóstoles (Mc 10:10) y uno de los cuatro evangelistas. Se le considera el primero en su ininterrumpida línea de 117 patriarcas, y también el primero de la corriente de los mártires de Egipto.
Esta apostolicidad no se prueba únicamente con los motivos de su fundación, sino más bien con la persistencia de la Iglesia en la observación de la misma fe, recibida por el Apóstol y sus sucesores, los Santos Padres.

Bibliografía de San Marcos

San Marcos nació en Africa, hijo de padres judíos que pertenecían a la tribu de los Levitas. Su familia vivió en la región de Cirenaica hasta que fue atacada por tribus bárbaras y perdió sus propiedades. Como consecuencia, la familia se trasladó a Jerusalén con su hijo Juan Marcos (Hechos 12:12, 25; 15:37). Al parecer, él recibió una buena educación y se convirtió en un versado del griego y del latín, además de hebreo. Su familia era muy religiosa y tenía una relación muy estrecha con el Señor Jesucristo. Su primo fue San Bernabé y el primo de su padre era San Pedro. Su madre, María, jugó un papel importante en los primeros días de la Iglesia en Jerusalén. El segundo piso de su casa se convirtió en la primera iglesia cristiana en el mundo donde Nuestro Señor Jesucristo instituyó la Sagrada Eucaristía (Mc 14:12-26). Además, este es el mismo lugar en donde el Señor se apareció a sus discípulos después de su resurrección y en donde su Espíritu Santo vino sobre ellos.

El joven Marcos fue siempre asociado con Nuestro Señor, quien lo eligió como a uno de los setenta. Se le menciona dentro de las Sagradas Escrituras en una serie de eventos relacionados con Él. Por ejemplo, estuvo presente en la boda de Caná de Galilea, era el hombre quien llevaba la jarra cuando los dos discípulos se fueron a preparar un lugar para la celebración de la Pascua (Mc 14:13-14; Lc 22, 11).

San Marcos y el León

La voz del león es el símbolo de San Marcos por dos razones:

  1. Comienza su Santo Evangelio mediante la descripción de Juan el Bautista como el rugido de un león en el desierto (Mc 1:03).
  2. Su famosa historia con el león, que es relatada por Severo Ebn-El-Mokafa: Una vez un león y una leona se aparecieron a Juan Marcos y su padre, Arostalis, mientras estaban de viaje en Jordania. El padre estaba muy asustado y le pidió a su hijo escapar, mientras esperaba su destino. Juan Marcos aseguró a su padre que Jesucristo iba a salvarlos y comenzó a orar. Los dos animales cayeron muertos y, como resultado de este milagro, el padre creyó en Jesucristo.

Predicando con los Apóstoles

Al principio, San Marcos acompañó a San Pedro en sus viajes misioneros dentro de Jerusalén y Judea. Luego acompañó a San Pablo y San Bernabé en su primer viaje misionero a Antioquía, Chipre y Asia Menor, pero por alguna razón, él los dejó y regresó a su casa (Hechos 13:13). San Pablo se negó a llevarlo en su segundo viaje debido al abandono de la misión anterior, y por esta razón, San Bernabé se separó de San Pablo y se fue a Chipre con su primo San Marcos (Hechos 15:36 – 41). San Bernabé murió allí y fué sepultado por San Marcos. Más tarde, San Pablo necesitó de San Marcos y ambos predicaron en Colosas (Col 4:10), Roma (Fil 24, 2 Tim 4:11) y tal vez en Venecia.

En África

La labor real de San Marcos se establece en África. Salió de Roma a Pentápolis, lugar donde nació. Después de plantar las semillas de la fe y de realizar muchos milagros viajó a Egipto, a través del Oasis, el desierto de Libia, el Alto Egipto, y luego entró en Alejandría por la puerta este en el año 61 d.C.

A su llegada, la correa de su sandalia estaba suelta y fue con un zapatero para repararla. Cuando el zapatero, llamado Anianos, tomó el punzón para trabajar con él, se atravesó accidentalmente la mano y gritó en voz alta “¡Oh, Dios Único”. Con esta expresión, San Marcos se alegró y después de forma milagrosa en que sanó la herida del hombre, se armó de valor y comenzó a predicar a los oídos hambrientos de conversión. La chispa se encendió y Anianos llevó al Apóstol a su casa. Él y su familia fueron bautizados, seguidos de muchos otros.

La difusión del cristianismo debió ser notable ya que los paganos estaban furiosos por saber de San Marcos en todas partes. Oliendo el peligro, el Apóstol ordenó al obispo (Anianos), a tres sacerdotes y siete diáconos de cuidar de la congregación si algo sucedía. Salió de Alejandría a Berce, luego a Roma, donde conoció a San Pedro y San Pablo, donde permaneció hasta su martirio en el año 64 d.C.

A su regreso a Alejandría en el año 65 d.C., San Marcos encontró a su gente firme en la fe por lo que decidió visitar Pentápolis. Allí pasó dos años predicando y haciendo milagros, ordenando obispos y sacerdotes y ganando más adeptos.

Finalmente regresó a Alejandría y estaba muy contento de encontrar que los cristianos se habían multiplicado tanto que fueron capaces de construir una iglesia importante en el distrito suburbano de Baucalis.

Su martirio

En el año 68 d.C., la Pascua cayó en el mismo día de la fiesta de Serapis. La turba furiosa de paganos se había reunido en el templo de Serapis en Alejandría y descendió a los cristianos que celebraban la Resurrección Gloriosa en Baucalis. San Marcos fue capturado, arrastrado con una cuerda por las calles principales de la ciudad. Las multitudes gritaban “El buey debe ser llevado a Baucalis,” un lugar escarpado lleno de rocas en donde se alimentaba a los bueyes que se utilizaban para el sacrificio a los ídolos. Al caer la noche el santo fue llevado a prisión, donde fue llamado en una visión por un ángel que lo fortalecía diciendo: “Ha llegado tu hora Marcos, el buen ministro, de recibir tu recompensa. Anímate, tu nombre ha sido escrito en el libro de la vida”. Cuando el ángel desapareció, San Marcos agradeció a Dios por enviarle a su ángel. De pronto, el Salvador mismo se apareció y le dijo: “La paz sea contigo Marcos, mi discípulo y evangelista!” San Marcos comenzó a gritar,”Oh mi Señor Jesús” pero la visión desapareció.

A la mañana siguiente, probablemente durante la procesión triunfal de Serapis, Marcos fue arrastrado de nuevo por toda la ciudad hasta que murió. Su carne sanguinolenta se desgarró, la intención era cremar sus restos, pero el viento soplaba tan fuerte y la lluvia caía a torrentes que la gente se dispersó. Los cristianos robaron su cuerpo en secreto y lo enterraron en una fosa que habían tallado en una roca debajo del altar de la iglesia.

Sus Hechos Apostólicos

San Marcos fue un apóstol de mente amplia. Su ministerio fue muy productivo y cubrió un campo muy amplio con actividades, éstas incluyen:

  • La Predicación en Egipto, Pentápolis, Judea, Asia Menor e Italia durante las cuales ordenó obispos, sacerdotes y diáconos.
  • El establecimiento de la “Escuela de Alejandría”, que defendió el cristianismo contra la escuela filosófica de Alejandría y concibió un gran número de grandes Padres.
  • Escritura de la Divina Liturgia de la Eucaristía, que fue modificada posteriormente por San Cirilo a la Divina Liturgia que hoy conocemos como la Divina Liturgia de San Cirilo.

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