Introducción

“Bendito sea mi pueblo, Egipto” (Isaías 19:25)

La promesa de Dios a su pueblo siempre se cumple, Él predijo que entraría a Egipto montado sobre una nube ligera (Isaías 19:1), y ese día habrá un altar para el  Señor en medio de su tierra y un pilar para él en la frontera (Isaías 19:19). Esta promesa fue cumplida con la huída de la Sagrada Familia de la faz del tirano Herodes, para encontrar refugio entre los gentiles. Así, nuestro Señor Jesucristo vino durante su infancia a Egipto para establecer por sí mismo la primera piedra de su Iglesia que se ha convertido en una de las principales cuatro sedes en el mundo, entre las iglesias de Jerusalén, Antioquía y Roma y ??que se unió a más tarde a la sede de Constantinopla.

La estrella de la Iglesia Egipcia brilló a través de la Escuela de Alejandría, que enseñó a la cristiandad el método alegórico y espiritual en la interpretación de las Sagradas Escrituras y que fue líder en la defensa de la fe ortodoxa, a nivel ecuménico.

El movimiento monástico cristiano, en todas sus formas, comenzó en Egipto, que atrae el corazón de la Iglesia hacia el desierto, para practicar la vida interior angelical. Esto sucedió en el momento en que las puertas de la corte real se abrían al clero, y en consecuencia, se ponía en peligro de extinción a la iglesia, cuando el trabajo tranquilo y espiritual de la misma se mezcló con la autoridad temporal y la política de la corte real.

La Iglesia egipcia ha llevado la cruz de Nuestro Señor Jesucristo a lo largo de generaciones, padeciendo sufrimientos, incluso de parte de los mismos cristianos. Ella, continuó ofreciendo un sin número de mártires y confesores a través de los años. Algunas veces, la gente fue martirizada y atacada para ganar la corona del martirio felizmente y con un corazón lleno de alegría.

Nuestra Iglesia es antigua y nueva al mismo tiempo: en lo antiguo es apostólica, fundada por San Marcos, el Evangelista, y es tradicional al aferrarse a la fe apostólica original, sin desviación. También es nueva a través de su Mesías viviente que nunca se vuelve viejo y por el que, el Espíritu de Dios, le renueva su juventud (Sal. 103:5).

La Iglesia Copta es rica en su vida ascética y evangelizadora, en su herencia patriótica genuina, en su adoración celestial, en sus rituales espirituales, en sus eficaces himnos de vida y sus bellos iconos, etc., que atraen el corazón hacia el cielo sin dejar de lado la vida cotidiana real. Podemos decir que es una Iglesia Apostólica contemporánea, que lleva la vida y el pensamiento del hombre actual sin desviación, que encuentra en su vida la dulzura y fuerza del Espíritu, con la apreciación y santificación de las artes, la literatura y la cultura humana.

La Iglesia es muy conocida por sus numerosos santos: ascetas, clérigos y laicos. Ella ofreció muchos santos a lo largo del tiempo y sigue ofreciendo hasta hoy día. Cree que la práctica de la vida santificada y la comunión con Dios, el Santo, es primero a la satisfacción de la mente con sólidos estudios experimentales.

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